El Centro Nacional de las Artes Delia Zapata Olivella de Bogotá es para todos

El nuevo epicentro de la cultura en la ciudad es un complejo de 17.000 metros cuadrados que quiere mostrar al país pluralidad estética, poética, plástica, teatral y musical mediante una rica programación.

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En la calle 11 del barrio La Candelaria, detrás del emblemático Teatro Colón, frente al Centro Cultural Gabriel García Márquez y a pocos pasos de la Biblioteca Luis Ángel Arango, se asienta el Centro Nacional de las Artes Delia Zapata Olivella, que abrió sus puertas en marzo de 2023 después de siete años de construcción.

Iván Benavides, su director, cuenta la historia en orden cronológico. Porque para hablar de este gran espacio, que incorpora al Teatro Colón, es preciso remontarse a 1892, cuando se fundó para conmemorar los cuatro siglos del descubrimiento de América y fue bautizado con el apellido del navegante español. Tras su inauguración, pasaron 62 años antes de que una artista negra pisara el escenario, cuando la bailarina Delia Zapata, en 1954, rompió con una narrativa excluyente y elitista de concebir la cultura. 

El edificio, de 12 pisos en total, tiene cuatro niveles subterráneos. En el piso seis se encuentra la sala Jaime León, espacio que se proyecta como estudio de grabación.

Días antes de la apertura estuvieron varios líderes espirituales de comunidades indígenas armonizando el espacio, que busca ser un lugar de diálogo con los territorios y con el mundo. La sala Delia Zapata, con capacidad para 500 personas, está destinada al reconocimiento de los saberes de las culturas ancestrales, a la Colombia profunda y a puestas en escena de orquestas sinfónicas y filarmónicas. 

“Más allá de la crisis climática, tenemos una crisis civilizatoria. El modelo actual de desarrollo es depredador e insostenible. El mundo se tiene que poner de acuerdo para cambiar esos patrones. Hay que comenzar a buscar nuevas narrativas que puedan unir la ciencia, la modernidad y los saberes ancestrales. El espíritu de los tiempos y la sensibilidad de los artistas están llevándonos a las preocupaciones por el planeta”, explica Benavides, creador de toda una programación que dentro de sus líneas temáticas contempla una serie denominada Del agua y de la tierra.


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“Hay que comenzar a buscar nuevas narrativas que puedan unir la ciencia, la modernidad y los saberes ancestrales. El espíritu de los tiempos y la sensibilidad de los artistas están llevándonos a las preocupaciones por el planeta”.

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La vocación de la sala Fanny Mikey, ubicada en el cuarto y último sótano, apunta hacia las artes expandidas y experimentales. En la inauguración se rindió homenaje a la incansable Fanny, que tanto trabajó por las artes escénicas y por la diversidad de miradas desde el Festival Iberoamericano de Teatro. También se presentó Hybris, una obra creada por la artista Carmen Gil y su colectivo La Quinta del Lobo, con el acompañamiento de Blast, el teatro de sonido de la Universidad de los Andes. 

“La sala Fanny Mickey es una caja negra, un espacio dinámico y reconfigurable que permite propuestas inmersivas y de otros formatos de un tipo de artes que están en un lugar intermedio entre las escénicas, las performáticas, lo audiovisual, el sonido y la música”, apunta Carmen. Hybris es una pieza de vanguardia que habla sobre el cambio climático. Es el resultado de un trabajo interdisciplinario que contó con el apoyo científico del departamento de Biología de la Universidad de los Andes y que se inspira en la paradoja del grolar, una especie de oso híbrido provocada por la emergencia climática. 

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*El telón de boca de la sala Delia Zapata es un retrato de la artista interpretado por Pedro Ruiz. Sus bordados contaron con el trabajo de maestras artesanas del Putumayo y de la Costa Atlántica.

Hasta el 20 de julio de 2023 en esta caja negra subterránea se presenta Face to face for Bogotá, una instalación del músico, productor, artista visual y activista británico Brian Eno. Se trata de una experiencia inmersiva audiovisual en la que, a partir de fotografías de rostros reales, mediante un programa informático, las imágenes se transforman y cambian de pixel a pixel a nuevos rostros que en realidad no existen, pero que parecen humanos del común. “Para mí esto es muy interesante porque creo que tiene un efecto sobre el espectador, en el que tú te ralentizas también. La pieza se mueve muy lentamente y te empiezas a relajar y a bajar a esa velocidad. Creo que tiene un efecto psicológico”, dice el artista Brian Eno. 

El Centro Nacional de las Artes tiene 17.000 metros cuadrados, 12 pisos (cuatro subterráneos y ocho en la superficie). Todo un complejo que propone formas más participativas de concebir la cultura. “Siempre hablamos de formación de públicos, pero más allá tenemos la idea de que la cultura genera comunidad, y la comunidad crea arte. Es un círculo virtuoso que está roto por múltiples violencias como el conflicto armado, el racismo y la exclusión, que hacen imposible la cohesión. El buen manejo de la diversidad genera reflexión. Y la diversidad es la conciencia del otro, el encuentro con la otredad. Nuestra narrativa consiste en reconocer, priorizar y darles un espacio a la biodiversidad y a las diversidades culturales y sexuales”, añade Benavides. 

Se trata de una mirada y un concepto diferente a lo que estamos acostumbrados en nuestros teatros. Sin duda, va a generar más ideas en los creadores, más teatro, conciertos, música, danza y más invitados internacionales. A gran escala, va a beneficiar al país en la medida en la que los artistas hablarán de lo que somos como colombianos, permitiendo que los espectadores se formen y se genere en ellos una transformación cultural que construya una historia más amable. 


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“La diversidad es la conciencia del otro, el encuentro con la otredad. Nuestra narrativa consiste en reconocer, priorizar y darles un espacio a la biodiversidad y a las diversidades culturales y sexuales”.

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El Teatro Colón: puertas abiertas a la diversidad

Atrás quedó la época en la que la élite asistía vestida de pieles y corbatín de seda a presenciar las funciones de la sala principal del Teatro Colón. En un principio, los palcos de este recinto de estilo neoclásico, en forma de herradura, diseñado por el arquitecto italiano Pietro Cantini, eran vitrinas sociales que permitían hacer alianzas familiares y políticas dentro de la aristocracia del momento. 

Teatro Colón: Bogotá

En la actualidad, este Patrimonio Cultural de la Nación está abierto a intérpretes y públicos diversos, buscando acceso democrático a la cultura. A comienzos de este año sus tablas recibieron por primera vez a una agrupación musical de neopunk conformada por artistas de la comunidad LGBTIQ+, así como a habitantes del barrio Santa Fe. En esta temporada, durante el mes de julio, regresan dos producciones imperdibles: Labio de liebre, de la compañía Teatro Petra, y Vida, porque solo hay una, el monólogo musical de Carolina Gaitán escrito y dirigido por Johan Velandia.

 

Más información: eneldelia.gov.co

 

 - Este artículo hace parte de la edición 188 de nuestra revista impresa. Encuéntrela completa aquí

 

 

*Periodista y actriz. Colaboradora frecuente de Bienestar Colsanitas y Bacánika.

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Etiquetados con: lugares / Bogotá / Cultura / actividades / Poesía / Música / Teatro /

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